La mantequilla de ajo es uno de esos básicos de cocina que parecen sencillos, pero que marcan una diferencia enorme cuando se preparan bien. Basta una cucharada para transformar un filete, un pescado a la plancha o una rebanada de pan corriente en algo mucho más apetecible. El problema es que, sin técnica, el resultado suele ser irregular: ajo crudo demasiado agresivo, sabor amargo o una mantequilla que se separa y pierde encanto.
Aprender cómo hacer mantequilla de ajo casera no solo te ahorra recurrir a versiones industriales, también te permite controlar el sabor, la intensidad y la textura. Y lo mejor: se prepara en minutos y sirve para decenas de platos del día a día.
Por qué merece la pena hacer mantequilla de ajo en casa
La clave está en el equilibrio. Una buena mantequilla con ajo debe ser aromática, cremosa y suave, sin que el ajo opaque al resto. Cuando se hace en casa puedes ajustar el punto exacto: más suave para pescados y mariscos, más intensa para carnes, o con un toque cítrico si la vas a usar en pan o pasta.
Además, es una receta muy agradecida: se conserva bien, se puede congelar y admite mil variaciones sin complicaciones.
Ingredientes básicos
Para una mantequilla de ajo receta clásica y fiable necesitas pocos ingredientes, pero conviene elegirlos bien:
- 225 g de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente
- 4 a 8 dientes de ajo, muy picados o rallados
- ½ cucharadita de sal marina (ajusta al gusto)
- ¼ cucharadita de pimienta negra
- 1 cucharada de perejil fresco picado (opcional)
- 1 cucharadita de zumo de limón (opcional, para aportar frescura)
Consejo clave: usar mantequilla sin sal te da control total sobre el sabor final. Si solo tienes mantequilla con sal, reduce o elimina la sal añadida.
Cómo hacer mantequilla de ajo paso a paso

1. Asegura la textura correcta de la mantequilla
Saca la mantequilla del frigorífico con antelación. Debe estar blanda, pero no derretida. Si tienes prisa, córtala en dados y déjala reposar unos minutos a temperatura ambiente.
2. Trata el ajo según el resultado que busques
Para un sabor intenso, pica o ralla el ajo en crudo muy fino.
Si prefieres una mantequilla de ajo más suave, sofríe el ajo brevemente con unas gotas de aceite a fuego bajo, solo hasta que esté fragante. Evita que se dore: ahí aparece el amargor.
3. Mezcla hasta integrar
En un bol, combina la mantequilla, el ajo, la sal, la pimienta, el perejil y el limón si lo usas. Mezcla con un tenedor o espátula hasta obtener una crema homogénea.
Si buscas una textura más aireada, puedes batirla ligeramente o usar un procesador de alimentos.
4. Prueba y ajusta
Este paso marca la diferencia. Prueba la mantequilla y ajusta: más ajo, un punto extra de sal o unas gotas más de limón si la notas plana.
Usos clásicos de la mantequilla de ajo
Una vez lista, las posibilidades son casi infinitas:
🥩 Mantequilla de ajo para carnes
Coloca una cucharada sobre un filete recién hecho y deja que se funda lentamente. El resultado recuerda al de muchos restaurantes especializados sin esfuerzo extra.
🍤 Para pescados y mariscos
Funciona especialmente bien con camarones, langostinos o pescado blanco a la plancha. Aporta aroma sin tapar el sabor principal.
🥖 Mantequilla de ajo para pan
Unta generosamente sobre pan, hornea unos minutos y tendrás un pan de ajo crujiente y aromático, perfecto como acompañamiento o aperitivo.
🍝 Para pasta y verduras
Derretida sobre pasta caliente con un poco de queso o usada para saltear verduras, convierte un plato sencillo en algo mucho más sabroso.
Cómo conservarla correctamente
- En la nevera: guárdala en un recipiente hermético hasta 2 semanas.
- En el congelador: forma un rulo con papel de horno, envuélvelo bien y congélalo hasta 3 meses. Así podrás cortar solo lo que necesites.
Preguntas frecuentes sobre la mantequilla de ajo
¿Se puede usar ajo en polvo?
Sí, pero el sabor no es el mismo. Si lo haces, empieza con ½ cucharadita y ajusta poco a poco.
¿Cómo hacerla más untuosa?
Batirla o añadir una cucharada de aceite de oliva ayuda a que quede más fácil de untar.
La mantequilla de ajo es uno de esos recursos sencillos que, bien hechos, elevan cualquier plato. Tenerla siempre lista en la nevera o el congelador es una de esas pequeñas decisiones que hacen la cocina diaria mucho más agradecida.




